Agustina Murúa explicó en su video que se levanta de madrugada, arma su puesto en la esquina de Savio y Cavalli y vende café hasta poco antes de entrar a la escuela. La escena impactó por su sencillez, pero sobre todo por lo que revela: una docente que, aun con trabajo, necesita inventar otra fuente de ingreso para sostener su vida cotidiana. En ese marco, otra frase viral docente ya había mostrado que este deterioro dejó de ser un caso aislado.
La historia de Agustina Murúa no conmovió solo por el esfuerzo personal, sino por la contradicción que encierra. Es profesora de Educación Física, trabaja desde hace años y aun así debe salir a vender café antes de dar clases. Esa secuencia convierte al video en algo más que un contenido viral: lo vuelve una síntesis brutal del deterioro del ingreso docente.
Agustina Murúa mostró en primera persona cuánto se deterioró el ingreso docente
En el video, Agustina Murúa no dramatiza ni exagera. Habla con naturalidad, cuenta que a las 7:30 tiene que levantar todo para ir a la escuela y remarca que los sueldos están tan bajos que ya no se puede vivir con eso. Esa forma directa de decirlo fue una de las claves de la viralización: no hay discurso grandilocuente, solo una realidad demasiado visible.
Además, el caso expone algo más profundo que una dificultad individual. La situación de Agustina Murúa se inscribe en un contexto donde el salario docente perdió poder de compra, los alquileres se volvieron inaccesibles para muchos trabajadores y los gastos corrientes obligan a sumar changas, ventas o tareas extras aun cuando ya se tiene empleo formal.
Agustina Murúa vende café antes de ir a dar clases en San Nicolás
La rutina que mostró en redes empieza antes del amanecer. Agustina Murúa sale a vender café al paso en una esquina transitada de San Nicolás y después cambia de ropa para ir a cumplir con su jornada escolar. Esa doble escena, una en la calle y otra en el aula, es la que terminó golpeando con más fuerza a quienes vieron el video.
— “Soy docente y sí, estoy vendiendo café al paso en una esquina muy transitada de San Nicolás”.
— “Hoy tengo que cortar siete y media de la mañana porque entro a la escuela”.
— “Los sueldos están tan indigentes que no se puede vivir”.
La potencia del testimonio está ahí. Agustina Murúa no aparece hablando de una caída abstracta del salario ni de estadísticas lejanas, sino de una cuenta concreta que ya no cierra. Por eso el video circuló tanto: porque traduce en una escena cotidiana una crisis que miles viven, pero pocas veces queda tan condensada en una imagen.
El video de Agustina Murúa dejó de ser una excepción y pasó a representar a muchos
El caso también funciona como síntoma de un problema más amplio. La docencia, históricamente asociada al trabajo estable, hoy aparece cada vez más golpeada por la pérdida de ingresos y por la necesidad de buscar estrategias paralelas para sostener consumos básicos. En esa línea, la precarización docente ayuda a entender por qué la historia de Agustina Murúa resonó tanto más allá de San Nicolás.
El video se volvió viral porque muestra algo que ya no puede leerse como una rareza. Agustina Murúa vende café, después da clases y aun así sigue atrapada en la misma pregunta que atraviesa a tantos trabajadores: cómo hacer para que el esfuerzo alcance. Y en esa pregunta, más que en la anécdota del puesto callejero, quedó expuesta una de las caras más duras del presente social.
“La gente pensará: ‘esta no tiene trabajo’. Sí tengo: soy docente. Pero los sueldos son indigentes.”
— PAMPA 💙💛💙 (@Pampa139) March 31, 2026
Es docente. Sale a las cinco de la mañana a vender café porque el salario no le alcanza. Cinco de la mañana.
Imaginate lo que es para ella escuchar a Manuel Adorni decir que se… pic.twitter.com/jbfF6NoYYe

