La clase pública no fue pensada solo como una actividad académica en la calle, sino como una acción política para exponer el contraste entre el deterioro salarial de docentes y no docentes y el crecimiento patrimonial que distintos sectores le atribuyen a Manuel Adorni. Por eso la protesta se hizo frente a uno de los domicilios vinculados al funcionario, a pocos metros de la Facultad de Filosofía y Letras. En ese clima, la respuesta de Adorni ya había mostrado el tono de confrontación con el que el oficialismo viene enfrentando distintos reclamos públicos.
El docente Guido Lapa explicó que el reclamo combina pérdida salarial, crisis presupuestaria y una situación que considera abiertamente ilegal por el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario. En ese marco, remarcó que el salario docente quedó devastado y que la situación se arrastra desde hace meses, sin que la cantidad de alumnos haya bajado, aunque con cada vez más dificultades materiales para sostener la cursada cotidiana.
La clase pública frente a Adorni mezcló reclamo salarial, ajuste universitario y custodia policial
El punto que volvió más potente la escena fue la presencia policial. La custodia alrededor del domicilio convirtió la protesta en una imagen mucho más cargada políticamente: de un lado, una comunidad universitaria dando clase en la calle; del otro, un operativo de seguridad resguardando la propiedad de uno de los funcionarios más cuestionados del Gobierno. Esa tensión visual reforzó el sentido del reclamo y le dio a la jornada un impacto que fue más allá del paro en sí.
En ese contexto, la protesta tampoco apareció aislada del resto de la exposición pública de Adorni. Las dudas sobre sus bienes, sus domicilios y sus respuestas políticas ya venían creciendo en otros frentes. Por eso, las críticas a Adorni ayudan a entender por qué la decisión de llevar la clase pública hasta su casa terminó funcionando también como un señalamiento directo sobre su figura y sobre el costo político del ajuste.

Guido Lapa explicó por qué llevaron la clase pública hasta el domicilio de Adorni
Lapa planteó que la elección del lugar no fue casual. Según explicó, la idea fue dar mayor visibilidad a la medida de fuerza y mostrar que, mientras se recortan fondos universitarios y se licúan salarios, el oficialismo aparece asociado a un crecimiento patrimonial que choca de frente con el discurso de austeridad. Esa lectura convirtió la clase pública en un gesto de denuncia, no solo en una herramienta pedagógica de protesta.
El docente también describió con crudeza la situación del sector. Sostuvo que el salario por diez horas semanales ronda los 250 mil pesos de bolsillo y lo definió como invivible. A la vez, dijo que el desafío cotidiano pasa por sostener el nivel académico en un contexto donde pesan cada vez más los costos de transporte, impresión de materiales y condiciones generales de estudio y trabajo.
La custodia policial convirtió la protesta en una escena de mayor tensión
La presencia de efectivos y vehículos policiales reforzó la percepción de que el Gobierno leyó la actividad como algo más que una protesta universitaria común. La reacción de seguridad alrededor del domicilio de Adorni le dio a la jornada un carácter más áspero y, al mismo tiempo, alimentó la lectura de que el conflicto educativo ya golpea de manera directa en la escena personal y política de sus funcionarios.
Ahí estuvo uno de los núcleos más fuertes del hecho. La clase pública expuso un choque muy concreto entre dos realidades: la de docentes que denuncian una pérdida salarial cercana al 34% en lo que va de la gestión y la de un funcionario cuya situación patrimonial se volvió objeto de controversia pública. Ese contraste fue el que terminó ordenando la protesta y explicando por qué se eligió precisamente ese territorio para visibilizar el reclamo.
El saldo de la jornada fue claro: la clase pública ya no fue solo una herramienta simbólica del movimiento universitario, sino una forma de llevar el conflicto hasta el entorno inmediato del poder. Con docentes y estudiantes en la calle, con custodia policial en la puerta y con el ajuste como telón de fondo, la protesta dejó una imagen difícil de desacoplar del momento político que atraviesa el Gobierno.
Así están los alrededores del departamento donde vive Manuel Adorni en Caballito después de que alumnos de la UBA se convocaran para dar una clase pública.
— Corta (@somoscorta) March 30, 2026
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