Aumento de combustibles: la nafta premium ya superó los $2.000 y golpea al bolsillo

El aumento de combustibles volvió a sentirse en los surtidores argentinos y ya dejó a la nafta premium por encima de los $2.000 por litro, en un escenario atravesado por la suba internacional del crudo, la guerra con Irán y una presión creciente sobre el gasto cotidiano de las familias. En YPF, la premium superó ese umbral mientras la súper quedó en torno a los $1.800.

El surtidor volvió a ganarle al bolsillo.

Aumento de combustibles: Pizarra de una estación de servicio con los nuevos precios de los combustibles
La pizarra de la estación mostró nuevos aumentos y a la premium por encima de los $2.000.

El aumento de combustibles no apareció de golpe ni como un episodio aislado. La suba actual se monta sobre una secuencia previa de ajustes, diferimientos impositivos y actualizaciones parciales que el Gobierno fue administrando para dosificar el impacto sobre la inflación, aunque sin lograr frenar del todo el traslado al precio final. En ese marco, nuevos aumentos desde enero ya habían anticipado que el arranque de 2026 iba a mantener bajo presión el valor de la nafta y el gasoil.

La escena en la estación de servicio mostró cómo el aumento de combustibles cruza la macroeconomía con la vida diaria. Mientras el cronista repasaba la pizarra y buscaba testimonios, el entrevistado Guillermo resumió el malestar con una frase simple: “Inaceptable”. Después explicó que usa poco el auto, sobre todo para mover a sus hijos, y que el alza de combustibles se suma a un panorama general en el que a la mayoría de la población le cuesta llegar a fin de mes.

El aumento de combustibles mezcla presión internacional, atraso en surtidor e impuestos postergados

El trasfondo del ajuste no se explica por una sola variable. La guerra con Irán empujó al alza el barril internacional y las petroleras trasladaron parte de ese movimiento al surtidor con subas cercanas al 4%, aunque las empresas sostienen que el traslado fue parcial y que aún persiste atraso frente al mercado externo. A eso se suma el peso de los impuestos a los combustibles líquidos y al dióxido de carbono, que el Ejecutivo fue actualizando de manera fragmentada para amortiguar el golpe inflacionario.

En paralelo, YPF ya venía mostrando una dinámica de aumentos escalonados. En 2025, por ejemplo, la petrolera aplicó ajustes vinculados a la actualización impositiva, los mayores costos de biocombustibles y el movimiento del tipo de cambio. Ese antecedente ayuda a entender por qué el aumento de combustibles siguió corrigiéndose aun antes del salto actual. En esa línea, la suba previa de YPF había mostrado cómo esos factores ya venían empujando los precios al alza.

Guillermo expuso cómo la suba de la nafta impacta en una familia tipo

El testimonio más claro de la nota no salió de un economista ni de una petrolera, sino de un automovilista que acababa de enterarse del aumento de combustibles. Guillermo contó que carga cada tanto, que usa el auto principalmente para llevar a sus hijos y que, como ocurre en muchas familias, el combustible ya forma parte de una lista de gastos que obliga a medir todo más de cerca.

Guillermo: “Acabo de enterarme. Inaceptable, sí. La población argentina en su gran mayoría siente una situación en la cual le cuesta llegar a fin de mes. Es una realidad. Es parte de los gastos de una familia tipo.”

El testimonio de Guillermo le puso rostro al aumento de combustibles y a una suba que ya dejó de ser un dato abstracto. El combustible no impacta solo en quien carga el tanque, sino también en la movilidad diaria y en el equilibrio de gastos de muchas familias.

El micropricing de YPF y la política impositiva explican por qué el surtidor no afloja

Otra clave del escenario es el sistema de micropricing que utiliza YPF. La compañía puede mover valores varias veces al día con variaciones pequeñas, en función de la demanda, la competencia o el flujo vehicular. La lógica es comercial, pero en la práctica termina reforzando la idea de un surtidor cada vez más dinámico, con precios que pueden subir o bajar por franjas sin que el consumidor perciba una referencia estable.

A ese esquema se suma la decisión oficial de postergar una parte de los aumentos impositivos para no acelerar todavía más los precios. El problema es que ese alivio no elimina la presión acumulada. La normativa vigente ya había formalizado una actualización de tributos sobre nafta y gasoil, y el propio Gobierno reconoció que esas correcciones impactan de manera directa en el valor final que pagan los consumidores.

Por eso el aumento de combustibles no puede leerse solo como una consecuencia externa del petróleo o de Medio Oriente. El aumento de combustibles condensa varias tensiones al mismo tiempo: un mercado internacional más caro, una política fiscal que dosifica pero no elimina subas y una estructura comercial que busca sostener márgenes aun en plena depresión del consumo. El resultado ya se ve en la pizarra y también en la respuesta de quienes intentan cargar lo justo para seguir moviéndose.

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