Efectos de la suba de tasas en los plazos fijos en la economía
La economía argentina transita un momento de alta tensión financiera. La suba de la tasa de interés en los plazos fijos, que ahora promedian entre el 37% y el 39% de TNA, se convirtió en una estrategia de los bancos para retener depósitos y frenar la presión cambiaria. Esta decisión responde a la combinación de dos factores clave: la fuerte suba del dólar y el incremento de los encajes dispuesto por el Banco Central de la República Argentina (BCRA).
A principios de agosto, el BCRA sorprendió al duplicar la tasa de encaje de 20 a 40 puntos, un movimiento mucho más agresivo de lo que esperaba el sector bancario, que calculaba un aumento hasta los 30 puntos. El objetivo oficial fue claro: absorber liquidez para evitar que la abundancia de pesos se traslade masivamente a la compra de dólares, impulsando nuevamente el tipo de cambio por encima de los 1.300 pesos.
La reacción de los bancos y el mercado
La suba de tasas en los plazos fijos comenzó a gestarse a fines de julio, cuando la cotización del dólar se disparó más de un 6%. En respuesta, las entidades financieras llevaron el interés del 30% al rango actual cercano al 39%. Aunque la medida busca competir con el atractivo de la divisa estadounidense, también es una consecuencia directa del encarecimiento que implican los nuevos encajes.
El Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) de fines de julio proyectaba para agosto una TNA promedio de 34,8%, pero ese cálculo no incorporaba ni el salto cambiario del último día del mes ni la suba de encajes. Con ambos factores en juego, las tasas ya se ubican entre 2 y 4 puntos por encima de lo previsto.
Por qué la suba de tasas podría sostenerse
Fuentes del sector bancario anticipan que los 40 puntos de encaje difícilmente se reduzcan antes de las elecciones, lo que hace improbable una baja en las tasas de los plazos fijos en el corto plazo. La política monetaria, además, perdió margen de maniobra desde que en marzo de 2024 se desvinculó la tasa de los plazos fijos de la tasa de referencia del BCRA, lo que deja a las entidades más libres para fijar sus propios valores en función de las condiciones del mercado.
El Gobierno, por su parte, prioriza la estabilidad cambiaria y el control de la inflación por sobre la reactivación económica. El presidente Javier Milei busca evitar que otro salto en el dólar se traduzca en un nuevo golpe a los precios, especialmente en un contexto preelectoral.
Impacto sobre la economía real
El costo de esta estrategia es evidente: una suba de tasas prolongada desalienta el consumo y encarece el crédito. En junio, el consumo minorista ya mostraba caídas tanto en bienes básicos como en durables, una señal de que la actividad empezaba a enfriarse.
Para las empresas, el panorama también se complica. Los créditos productivos se encarecen, limitando la inversión y reduciendo el dinamismo de sectores que dependen del financiamiento para sostener su producción. La consultora Empiria advirtió que este nivel de tasas reales no solo afecta al sistema financiero y al Tesoro, sino que también golpea a una economía que ya evidenciaba signos de desaceleración antes de las últimas medidas.
Perspectivas para el tercer trimestre por la suba de tasas
Según el REM, la actividad económica podría crecer apenas un 0,5% en el tercer trimestre de 2025, frente al 0,8% previsto anteriormente. Con este escenario, el Gobierno enfrenta el desafío de sostener su discurso de disciplina fiscal y estabilidad monetaria mientras el impacto de la suba de tasas se refleja en una economía cada vez más fría.
Todo indica que, al menos hasta las elecciones, la prioridad seguirá siendo la estabilidad cambiaria, incluso a costa de frenar la recuperación. La suba de tasas, entonces, no será una medida pasajera, sino un elemento central de la estrategia oficial para transitar una de las etapas más sensibles del calendario político y económico.
🔗 También te puede interesar: S&P Merval: fin de la racha alcista y perspectivas del mercado

