Baby Etchecopar explicó que conoció a Manuel Adorni cuando todavía era panelista y que incluso lo ayudó a trabajar en radio y televisión. Pero en su lectura, el funcionario cambió de manera radical desde que llegó al Gobierno: dejó de atender a quienes lo conocían, empezó a maltratar al periodismo y se movió con una soberbia que, según dijo, lo terminó llevando a un descrédito difícil de revertir. En ese clima, las críticas de Baby ya venían mostrando un endurecimiento claro de su posición frente al oficialismo.
La entrevista no giró solo sobre el patrimonio de Manuel Adorni, sino sobre la transformación de su figura pública. Baby Etchecopar dejó claro que lo que más lo lastima no es cuánto tiene o cómo vive, sino el lugar desde el que habla y el modo en que, a su juicio, basureó a periodistas y compañeros. Ahí ubicó el corazón del problema: una mezcla de poder reciente, soberbia y pérdida de noción sobre el lugar que ocupa.
Baby Etchecopar convirtió el caso Adorni en una crítica sobre soberbia, descrédito y salida del Gobierno
El tramo más fuerte de la charla apareció cuando Baby Etchecopar dejó de lado las anécdotas del pasado y habló de lo que cree que debería pasar ahora. Sostuvo que Manuel Adorni ya perdió el crédito público, que su carrera política quedó dañada y que, si realmente quisiera cuidar a Javier Milei, tendría que dar un paso al costado para no seguir arrastrando al Gobierno.
Esa idea se apoyó en una palabra que repitió varias veces: dignidad. Para Baby Etchecopar, la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace es el límite que Manuel Adorni ya cruzó. Por eso, más que reclamar una explicación puntual, terminó planteando una salida política: la renuncia como forma de liberar al oficialismo de un caso que, según su mirada, ya se lo está llevando puesto.
Baby Etchecopar recordó cómo era Adorni antes de llegar al poder
Durante la entrevista en Radio Con Vos, Baby Etchecopar reconstruyó cómo fue el vínculo con Manuel Adorni antes de su salto al Gobierno. Contó que lo incorporó a sus programas cuando necesitaba trabajar y pagar la cuota de un departamento, que lo veía como un tipo simpático y que nunca tuvo con él un conflicto personal en esa etapa.
— Baby Etchecopar: “Era un chico que necesitaba pagar el crédito del departamento de Flores. No puedo hablar de ese momento que fue un mal tipo. No sé qué le pasó, en qué te has convertido”.
Ese recuerdo es clave porque le da peso a su crítica actual. Baby Etchecopar no habla desde una oposición automática, sino desde el contraste entre el Adorni que conoció antes y el funcionario que hoy, según describe, actúa como si fuera intocable. Ahí aparece la tensión más potente de toda la nota: no solo cambió su patrimonio o su entorno, también cambió la forma en que se planta frente a los demás.
El caso de las jubiladas llevó a Baby Etchecopar a pedir su renuncia
Cuando la charla se metió en el expediente patrimonial, Baby Etchecopar no se detuvo tanto en tecnicismos registrales como en el efecto social del caso. Señaló que la historia de las dos jubiladas que aparecen ligadas a la hipoteca impacta porque vuelve muy difícil defender públicamente a Manuel Adorni, aun para quienes no se consideran opositores. En ese punto, la hipoteca de Adorni refuerza el nudo más sensible del caso: la dificultad para explicar cómo se armó la operación inmobiliaria.
Para Baby Etchecopar, ese dato se volvió casi irrefutable en términos de percepción pública. Comparó el efecto del caso con otros episodios donde una imagen o un detalle concreto rompieron cualquier intento de defensa. Por eso insistió en que Manuel Adorni debería apartarse: no porque ya exista una condena final, sino porque el descrédito, una vez instalado, ya no se recupera fácilmente.
El saldo de la entrevista fue ese. Baby Etchecopar dejó de hablar del panelista o del excompañero y pasó a hablar del funcionario que, en su visión, se creyó dueño de la Argentina, perdió el registro del límite y terminó convirtiéndose en un problema político para el propio Gobierno. La dureza de la frase final no estuvo en una denuncia nueva, sino en la conclusión de alguien que lo conoció antes y que ahora cree que ya no tiene vuelta atrás.


