En un nuevo capítulo de su saga “Che Milei”, Cristina Kirchner lanzó un mensaje con tono de alarma: “Que olor a default”. Apuntó a la venta acelerada de reservas, cuestionó a Luis “Toto” Caputo y a Federico Sturzenegger, y vinculó la coyuntura cambiaria con riesgo de fuga y endeudamiento.

¡Che Milei! ¡Que olor a default!…

Que olor a default

Cristina redobla la presión, «¡Che Milei! ¡Que olor a default!…»

El mensaje llegó en la mañana del sábado, desde las redes de Cristina Kirchner —actual titular del PJ— y con su fórmula ya conocida: “¡Che Milei! ¡Que olor a default!…”. La exmandataria puso el foco en la tensión cambiaria y en la estrategia oficial de intervenir al tope de la banda, tras varias ruedas de ventas fuertes del Banco Central.

En su posteo, habló de “más de mil millones de dólares en apenas dos días”, una cifra que dialoga con el dato de tres jornadas de intervenciones que, según fuentes públicas y privadas, sumaron cerca de US$1.100 millones. Su “Que olor a default” buscó dar un marco político a esa dinámica y reforzó su lectura de que el Gobierno financia una salida de capitales a tipo de cambio “barato”.

La dirigente también llevó la crítica a nombres propios. Señaló al ministro de Economía, Luis Caputo, por “repetir” políticas que adjudica a la etapa de Mauricio Macri, y se burló de la promesa oficial de “vender hasta el último dólar en el techo de la banda”. Para CFK, “la única banda” es “la del carry trade”, en alusión al ingreso de capitales especulativos que rinden en pesos y luego buscan dolarizarse. En su hilo, vinculó esa operatoria con mayor fragilidad de las reservas y presión sobre el balance en moneda dura.

En paralelo, Cristina ubicó a Federico Sturzenegger como “partícipe necesario” del “endeudamiento y vaciamiento financiero del país” en tres momentos del siglo XXI, y planteó que Caputo “hizo el mismo desastre dos veces en siete años”. Más allá de la contundencia del señalamiento, el trasfondo es una discusión de modelos: el oficialismo defiende que la banda y la intervención son herramientas transitorias para ordenar expectativas; el peronismo sostiene que esa combinación acelera la pérdida de reservas y puede empujar a un “cambio de régimen” o a un ajuste más drástico.

El mensaje también rozó una controversia sensible: “Lo de tu hermana cobrando coimas…”, escribió, en alusión a Karina Milei, secretaria general de la Presidencia, y a un cántico que ganó las calles —“Alta coimera”— y llegó al Congreso. Vale aclarar: se trata de denuncias y señalamientos públicos que hoy forman parte de la disputa política y mediática; no hay una condena judicial firme al respecto. El oficialismo niega los cargos y atribuye la canción a una campaña de difamación.

En la vereda de enfrente, el ministro Caputo ratificó que el Gobierno “venderá hasta el último dólar en el techo de la banda”, línea que refuerza el anclaje cambiario como pilar de la estrategia antiinflacionaria y como compromiso del programa con el FMI. Con el dólar informal tocando nuevos máximos y los bonos bajo presión, los analistas advierten que ese ancla puede convertirse en un lastre si no se restablece la confianza o no llegan divisas adicionales (de organismos, exportaciones o inversiones).

Esa tensión explica por qué “Que olor a default” pegó en la discusión pública: condensa el temor de que la combinación de ventas de reservas, brecha alta y tasas reales negativas derive en un episodio de stress mayor.

El trasfondo es más amplio: credibilidad política en campaña, gobernabilidad legislativa, condicionalidades del acuerdo con el Fondo y una economía que no logra estabilizar expectativas. Mientras el oficialismo promete “aguantar la banda” y acelerar reformas, el peronismo ensaya su contraataque discursivo con un eslogan eficaz y viral. En ese ring, Cristina apuesta a que “Que olor a default” marque agenda y fuerce a Javier Milei a responder con datos y resultados, no solo con discurso.

¡Che Milei! ¡Que olor a default!…

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