En la señal A24, el periodista Eduardo Feinmann advirtió que el Gobierno se está ganando “un quilombo al divino botón”, mientras el periodista Pablo Rossi vinculó la pelea con la prensa con una estrategia para ordenar la agenda pública. En ese marco, Feinmann criticó la pelea con la prensa y advirtió sobre los costos políticos de escalar ese conflicto.
La crítica al argumento de seguridad
— “No hay nada que revele ningún secreto de Estado. Mostrar una puerta, mostrar un pasillo, el Patio de las Palmeras… ninguna de estas imágenes puede perjudicar la seguridad de la Nación.”
El planteo buscó desarmar la idea de que la cobertura periodística hubiera expuesto información sensible y volvió a poner en discusión la prohibición de ingreso de periodistas a la Rosada.
Una advertencia por un conflicto innecesario
— “Nadie le dice: ‘Presidente, mire… se están ganando un quilombo al divino botón’. Lo digo así porque así lo siento. En el Gobierno se están ganando un quilombo al pedo.”
La frase condensó una crítica más amplia: que la ofensiva contra periodistas no sólo sería sobreactuada sino políticamente autoinfligida.
Un debate que rozó la libertad de prensa
Para varios de los cuestionamientos, el episodio abrió además una discusión sobre libertad de prensa y sobre los límites del poder para condicionar el trabajo periodístico en instituciones públicas.
Ese eje volvió a aparecer en las restricciones a periodistas en Casa Rosada, donde la polémica ya venía creciendo.
La sospecha de una maniobra para cambiar la agenda
— “El presidente está en una guerra santa contra el 95% del periodismo… ¿Qué quieren conseguir con esto? ¿Qué quieren tapar, qué quieren distraer?”
La pregunta corrió el eje del conflicto. No sólo si la reacción oficial era excesiva, sino si además buscaba desplazar otras discusiones incómodas.
Un cuestionamiento sobre el funcionamiento interno del poder
— “Se transformó en una obsesión del presidente… no hay nadie que le diga algo porque le tienen terror al presidente.”
La frase llevó el debate a otro terreno: no ya la relación con los medios, sino la dinámica interna del poder. Y sumó una crítica poco habitual por provenir de voces que no suelen ubicarse en confrontación frontal con el Gobierno.
FEINMANN Y ROSSI RE CALIENTES CON LA PROHIBICIÓN DE INGRESO A LOS PERIODISTAS: “SE ESTÁN GANANDO UN QUILOMBO AL PEDO”
— Revolución Popular (@RPN_Oficial) April 23, 2026
-“¿Qué quieren disimular? ¿Qué quieren tapar? ¿Qué quieren distraer? ¿Se convirtió en una obsesión del presidente?” pic.twitter.com/Xb4BXeoECh
La discusión dejó una advertencia simple: la pelea con periodistas puede estar generando más costo político del que resuelve. Y en vez de ordenar la agenda, puede terminar amplificando justamente lo que busca desplazar.

