La situación de un jubilado que no llega a fin de mes volvió a quedar expuesta en un relato atravesado por privaciones, endeudamiento familiar y cambios drásticos en la alimentación para sostener lo básico.
El testimonio se suma a otro testimonio de un jubilado que no llega a fin de mes, un antecedente que reflejó la misma tensión entre ingresos previsionales y costo de vida.
Cuando sobrevivir obliga a vender lo propio
Ante una primera pregunta sobre cómo llega económicamente, respondió sin rodeos:
— Periodista: “¿Cómo llegás económicamente?”
— Jubilado entrevistado: “Mal, mal. Totalmente mal”.
Después explicó que tuvo que vender su auto porque ya no podía sostenerlo.
— Periodista: “Hablame un poco de tu situación económica.”
— Jubilado entrevistado: “Tenía un coche y lo tuve que vender porque no lo puedo mantener. Gracias que tengo el departamentito…”
Consultado por el gasto que más le pesa, llevó todo nuevamente al mismo lugar:
— Periodista: “¿Cuál es el gasto que más duele?”
— Jubilado entrevistado: “La comida”.
Cuando la entrevista se detuvo en sus consumos cotidianos, el deterioro tomó dimensión concreta:
— Periodista: “¿Cómo son tus comidas durante la semana?”
— Jubilado entrevistado: “Arroz, polenta… antes era un poco de carne, ahora picada con pan”.
La escena dialoga con una problemática que también apareció cuando otro jubilado explicó cuánto necesita para vivir, reforzando que no se trata de un caso aislado.
Más adelante contó que muchas veces debe pedirle dinero prestado a su hija para poder llegar a fin de mes, una escena que volvió tangible algo más amplio que su caso individual.
El reclamo en la calle y el malestar de fondo
El entrevistado también vinculó su situación con las protestas de jubilados los miércoles frente al Congreso.
— Periodista: “¿Se moviliza los miércoles contra el Gobierno?”
— Jubilado entrevistado: “De vez en cuando voy… ¿Cómo no voy a reclamar?”
Luego profundizó el motivo del reclamo:
— Jubilado entrevistado: “No llego… tengo que andar pidiéndole a mi hija prestado siempre”.
Consultado por el gobierno de Javier Milei, evitó convertir la entrevista en una descarga personal y volvió sobre la dificultad material que atraviesa todo su relato.
Su testimonio deja una tensión difícil de ignorar: cuando una jubilación obliga a vender bienes, reducir la comida y depender de los hijos para sobrevivir, la crisis económica deja de ser una estadística económica para convertirse en experiencia concreta.
"Antes comía carne, ahora como ARROZ y POLENTA. Tenía un coche y lo tuve que vender. Tengo que pedirle prestado a mi hija para llegar a fin de mes"
— Resistencia Nacional (@ResistenciaNac_) April 21, 2026
Al final, los polenteros terminaron siendo Milei y los libertarios 🤡 pic.twitter.com/eAjdTFEjOt

