El crimen de Jeremías Monzón volvió a conmocionar por la brutalidad de la emboscada que terminó con la vida del adolescente de 15 años en Santo Tomé, Santa Fe. Según la reconstrucción del caso, fue engañado, llevado hasta una fábrica abandonada y asesinado con 23 puñaladas mientras parte del ataque era grabado con un teléfono celular.
Jeremías salió de su casa el 18 de diciembre de 2025 cerca de las 14:30 y les dijo a sus abuelos que iba a encontrarse con un amigo. Nunca volvió. Esa noche, su familia comenzó una búsqueda desesperada que terminó cuatro días después, cuando la Policía halló su cuerpo en una zona abandonada de la periferia santafesina.
El cuerpo fue encontrado semidesnudo, cubierto con cartones y con lesiones provocadas por dos cuchillos y un destornillador, según la autopsia citada en el informe periodístico. La saña del ataque y el contexto del hallazgo marcaron desde el comienzo una investigación de enorme impacto social.
Una emboscada planificada
De acuerdo con la investigación, Jeremías fue atraído por una adolescente de 16 años, identificada como Milagros, a quien conocía de la escuela. La joven habría pactado un encuentro con él y lo condujo hasta el lugar donde lo esperaban otros dos adolescentes de 14 y 15 años.
Allí, según la reconstrucción del caso, los agresores lo redujeron a golpes y lo amenazaron con cuchillos para exigirle su teléfono celular y la clave de acceso. Los investigadores creen que buscaban un supuesto video íntimo cuya difusión le atribuían a Jeremías.
La causa sostiene que Milagros planificó la emboscada y registró parte del ataque en un video de cuatro minutos. En esa filmación, según el informe, se observa el momento en que habría dado la orden de matarlo después de que la víctima entregara su celular.
Tras el crimen, los atacantes le quitaron la ropa a Jeremías y se retiraron del lugar. Cámaras de seguridad registraron el recorrido posterior, incluida una parada en la casa de la abuela de la adolescente, donde se habrían lavado rastros de sangre.
El recorrido posterior al crimen
La investigación también reconstruyó que los adolescentes descartaron la bicicleta de Jeremías y caminaron varias cuadras hasta encontrarse con Nadia Ivón Juárez, madre de Milagros.
Según el expediente citado en el informe, ese encuentro quedó registrado por cámaras de seguridad. Allí se observan abrazos y gestos que los investigadores interpretaron como una celebración posterior al crimen.
Luego, los acusados se dirigieron al Parque del Sur, donde descartaron la ropa ensangrentada de la víctima. En ese mismo lugar, habrían escrito sobre una baldosa el nombre de Jeremías y la fecha de su asesinato, en una escena que los investigadores consideraron parte de la perversidad posterior al hecho.
Los límites del régimen penal juvenil
La principal acusada fue imputada por homicidio triplemente agravado por alevosía, ensañamiento y concurso premeditado de dos o más personas. Esa figura prevé prisión perpetua, pero al tratarse de una menor de 16 años al momento del hecho, queda alcanzada por un régimen penal especial.
Sus dos presuntos cómplices, de 14 y 15 años, no pueden ser condenados penalmente por la edad que tenían al momento del crimen. Por esa razón, quedaron sujetos a un seguimiento tutelar por parte del Estado provincial.
La madre de Milagros también fue detenida como partícipe secundaria del homicidio. Esa imputación contempla una pena menor a la de los autores principales, aunque los investigadores no descartan analizar si tuvo un rol más relevante en la planificación del crimen.
El caso de Jeremías Monzón volvió a poner en discusión los límites del régimen penal juvenil en Argentina, pero también expuso una trama de violencia extrema, planificación y encubrimiento que dejó a una familia atravesada por una pregunta imposible: cómo un adolescente de 15 años terminó caminando hacia una trampa mortal.



