Una acreedora dijo no conocer a Adorni y Gustavo Sylvestre volvió a poner la lupa sobre la operación

Gustavo Sylvestre volvió a instalar dudas sobre Manuel Adorni al poner el foco en la hipoteca con la que compró su departamento de Caballito. El dato más incómodo apareció cuando una de las personas que figura como acreedora aseguró no conocer al jefe de Gabinete, a pesar de integrar la operación asentada sobre el inmueble de la calle Miró.

La hipoteca abrió una pregunta todavía más incómoda.

Gustavo Sylvestre durante un informe sobre la hipoteca del departamento de Manuel Adorni en Caballito
Gustavo Sylvestre volvió a poner el foco sobre la hipoteca del departamento de Manuel Adorni en Caballito.

Gustavo Sylvestre retomó el caso desde un punto distinto al de los últimos días. Ya no se trató solo del valor del departamento o del salto patrimonial de Manuel Adorni, sino de cómo se estructuró la financiación de la compra. En ese marco, el piso de Caballito ya había quedado bajo sospecha por el monto real de la operación y por la distancia entre lo que se decía públicamente y lo que figura en los registros.

El dato nuevo es el que vuelve más delicado el caso. La escritura del departamento quedó asentada por US$230.000 y con una hipoteca de US$200.000 repartida entre dos particulares. Pero una de esas acreedoras, Beatriz Viegas, de 72 años, dijo que no conoce a Manuel Adorni cuando fue consultada sobre la operación. Gustavo Sylvestre plantea ahora, que ese contraste es el que empuja ahora una nueva ronda de preguntas sobre la compra.

Gustavo Sylvestre reavivó las dudas sobre la hipoteca con la que Adorni compró su piso en Caballito

Gustavo Sylvestre puso el foco en una rareza que volvió más sensible toda la operación. Si una de las personas que figura como acreedora afirma no conocer al comprador, la compraventa deja de aparecer como una simple transacción entre privados y entra en una zona mucho más difícil de explicar públicamente. Ahí estuvo el núcleo del planteo que volvió a poner a Manuel Adorni bajo presión.

A eso se suma otro elemento relevante. La misma operación ya venía rodeada de cuestionamientos por el valor escriturado del inmueble, por el tamaño del departamento y por el salto de nivel de vida que expresa la mudanza a un piso de casi 200 metros cuadrados en una de las áreas más cotizadas de Caballito. Por eso, el dato sobre la acreedora no cae en el vacío: se suma a una cadena de dudas previas sobre patrimonio, declaraciones y financiamiento.

Beatriz Viegas quedó en el centro del caso tras decir que no conoce a Adorni

En el intercambio televisivo, Gustavo Sylvestre giró la discusión hacia una contradicción concreta. La pregunta ya no fue cuánto vale realmente el inmueble, sino cómo puede sostenerse una hipoteca entre personas que, al menos según una de las respuestas recogidas, no tendrían vínculo alguno.

— “Una de las personas que le habría dado el crédito no lo conoce a Manuel Adorni.”

— “Beatriz Viegas, de 72 años, dijo que no lo conoce.”

— “¿Cómo le vendiste la propiedad y además le diste una hipoteca si ni siquiera lo conocés?”

Ese pasaje en el programa de Gustavo Sylvestre convirtió la hipoteca en el centro del caso. El punto no es solo registral ni inmobiliario: es político. Porque la compra del departamento ya no aparece únicamente como una operación patrimonial llamativa, sino como un expediente cargado de inconsistencias difíciles de desactivar con una explicación general.

La operación del departamento volvió a abrir preguntas sobre cómo se financió

La compra del piso de Miró en Caballito ya venía acumulando ruido público y mediático. Ahora, la novedad expuesta en el programa de Gustavo Sylvestre sobre la acreedora vuelve todavía más sensible la discusión sobre el modo en que se financió la operación, quiénes participaron y qué grado de conocimiento real existía entre comprador y acreedoras.

En ese clima, las críticas a Adorni también ayudan a entender por qué cada nuevo dato patrimonial escala con rapidez. El caso ya no se mueve solo en el terreno inmobiliario: se volvió un problema político más amplio para un funcionario que aparece cada vez más condicionado por las dudas sobre sus bienes y sus explicaciones.

El efecto final del dato que expuso Gustavo Sylvestre es claro. La compra del departamento de Caballito dejó de ser solo una discusión sobre montos, metros cuadrados o escrituras y pasó a convertirse en una pregunta más áspera sobre la consistencia de toda la operación. Y mientras esa respuesta no aparezca de manera convincente, la hipoteca seguirá siendo uno de los puntos más sensibles del caso Manuel Adorni.