Lesa humanidad

Juan Carlos Livraga, el “fusilado que vive” que declaró a los 96 años en un fallo histórico

A casi 70 años de los fusilamientos de José León Suárez, Juan Carlos Livraga volvió a declarar como testigo clave en el juicio que reconoció aquellos hechos como delitos de lesa humanidad.

José León Suárez y el testimonio de Juan Carlos Livraga en el juicio por los fusilamientos de 1956.
Juan Carlos Livraga declaró a los 96 años en el juicio que reconoció los fusilamientos de 1956 como delitos de lesa humanidad.

Juan Carlos Livraga tenía 24 años cuando fue detenido, fusilado y dado por muerto en un basural de José León Suárez. Casi siete décadas después, el único sobreviviente con vida de aquella masacre volvió a declarar en el Juicio por la Verdad y su testimonio fue clave para un fallo histórico.

La Justicia Federal reconoció los fusilamientos ocurridos en junio de 1956 como delitos de lesa humanidad. Livraga, que actualmente vive en Estados Unidos, declaró a los 96 años y volvió a reconstruir una de las páginas más oscuras de la historia argentina.

La noche de los fusilamientos

El 9 de junio de 1956, durante la dictadura autodenominada Revolución Libertadora, un grupo de civiles y militares intentó impulsar un levantamiento encabezado por el general Juan José Valle. El plan fracasó antes de comenzar y desató una violenta represión estatal.

Esa noche, Livraga había llegado a una casa de Florida donde varias personas escuchaban por radio una pelea de boxeo. Allí irrumpió la policía y detuvo a todos los presentes, aunque no todos formaban parte de la sublevación.

Horas después, los detenidos fueron trasladados a un descampado de José León Suárez. Allí fueron obligados a bajar de los vehículos policiales y comenzaron los disparos. Cinco personas murieron en el lugar y otras lograron sobrevivir.

El hombre que sobrevivió al basural

Livraga se arrojó al suelo y fingió estar muerto. Pero uno de los efectivos notó que aún respiraba. Según su recuerdo, escuchó una frase brutal: “Este respira, disparale”.

Recibió disparos en el rostro, la mandíbula y un brazo. Los policías lo dieron por muerto y abandonaron el lugar. Gravemente herido, logró levantarse y caminar hasta pedir ayuda.

Su historia fue decisiva para que Rodolfo Walsh investigara los fusilamientos. A partir de la frase “Hay un fusilado que vive”, el escritor reconstruyó el caso y publicó Operación Masacre, una obra clave del periodismo argentino.

Un testimonio para la memoria

Décadas después, Livraga volvió a ser escuchado por la Justicia. Su declaración permitió confirmar la dimensión histórica y judicial de aquellos hechos, que ahora fueron reconocidos como crímenes de lesa humanidad.

El fallo no solo repara parte de una deuda histórica, sino que también vuelve a colocar a Juan Carlos Livraga en el centro de una historia marcada por la violencia estatal, la memoria y la búsqueda de justicia.

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