Muertes por fentanilo: los chats que revelan la trama interna
Una serie de conversaciones de WhatsApp entre trabajadores y mandos medios del laboratorio Ramallo, de la firma HLB Pharma, salieron a la luz y exponen las condiciones en que se fabricaban medicamentos.
Los mensajes, que abarcan de mayo de 2024 a mayo de 2025, describen prácticas irregulares: producción sin guantes, insumos vencidos escondidos, calor extremo en las salas de trabajo y controles falsificados para pasar inspecciones de la Anmat.
“Hasta que no pase algo grave no van a escarmentar”, advirtió en 2024 Wilson Pons, jefe de control de calidad. La tragedia de las muertes por fentanilo terminó confirmando ese pronóstico.
Condiciones insalubres y ocultamiento
El programa De Una (C5N) mostró con un drone depósitos a cielo abierto, ampollas descartadas en terrenos baldíos y falta de higiene en el predio de Ramallo. Pese a inspecciones previas, la Anmat nunca clausuró el establecimiento.
Los chats evidencian que la cadena de fallas fue total: fabricación, distribución y recuperación de ampollas cuando surgieron las primeras alertas. Nada funcionó.
La Justicia determinó que el fentanilo contaminado agravó cuadros de pacientes y provocó varias decenas de muertes por fentanilo, en distintas partes del país.
La cultura empresarial expuesta
Mensajes de Rocío Garay, jefa de ampollas, revelan prácticas como reemplazos de insumos sin registro y reportes “dibujados” para la Anmat. “¿Qué hago? ¿Miento en los reportes?”, preguntó en diciembre de 2024. La respuesta de Pons fue: “No queda otra que mentir”.
Otros chats denunciaron reactivos vencidos dejados a la intemperie y pruebas de fentanilo que “dieron mal” pero se repitieron para ocultar los resultados. En ese contexto, las muertes por fentanilo eran un desenlace inevitable.
Responsables en la mira judicial
La defensa de Ariel García Furfaro, dueño de HLB Pharma, apuntó a un ex socio político, pero las filtraciones derriban su argumento.
La Justicia citará a indagatoria a cinco jerárquicos: Dayana Astudillo (garantía de calidad), Edgardo Sclafani (gerente de producción), Rocío Garay (jefa de ampollas), Adriana Iúdica (jefa de microbiología) y Eduardo Darchuk (jefe de producción de SPPV).
Todos deberán explicar cómo un laboratorio sin control y con complicidades estatales terminó siendo epicentro de la mayor tragedia sanitaria en décadas: las 122 muertes por fentanilo adulterado.
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