La captura de Waldo Bilbao
Este un episodio relevante en la ofensiva provincial y federal contra el narcotráfico en el sur santafesino. Bilbao (45) estaba prófugo desde octubre de 2023, cuando —según la investigación— escapó horas antes de una tanda de allanamientos que golpeó la estructura de su organización.
Mientras continuaba la búsqueda de su hermano Brian —señalado como líder y aún prófugo—, el sospechoso se mantuvo oculto en pleno microcentro de Rosario, en el barrio Martin, a escasas cuadras del Monumento Nacional a la Bandera. En la lista de los más buscados de la provincia figuraba como “alto perfil” y con prioridad de captura, con una recompensa pública de $50 millones para quien aportara datos.
De acuerdo con fuentes oficiales, la investigación que derivó en su arresto combinó vigilancia prolongada, análisis de comunicaciones y cooperación entre áreas provinciales y federales.
Datos/Claves
El operativo se concretó el viernes 12/09/2025 por la noche en un complejo de la calle Colón al 1200, conocido como “El Palomar”. Intervino la Unidad de Acciones Especiales (dependiente de CIOPE) junto con las Tropas de Operaciones Especiales (TOE) de la Policía de Santa Fe.
En el departamento, Waldo Bilbao estaba con su pareja; al irrumpir los efectivos, intentó ocultarse en un habitáculo reducido, un escondite que habría sido preparado para una eventual requisa. Fuentes policiales describen que opuso resistencia antes de ser reducido.
La investigación que lo tiene como imputado es de competencia federal con intervención de la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar). Los reportes del caso ubican a Waldo Bilbao como engranaje central de una organización que distribuía cocaína hacia Rosario y también a Córdoba y Buenos Aires.
En el aspecto logístico, las pesquisas consignan el uso de al menos tres avionetas y un campo en Carrizales —a 65 km de Rosario— como punto de aterrizaje, además de hangares y pistas en la zona núcleo. En paralelo, se lo vincula con maniobras de lavado de activos que habrían canalizado ganancias hacia comercios, taxis y emprendimientos culturales, hipótesis que ahora se profundiza con nuevas evidencias.
Un dato operativo que tomó estado público es que la caída de Waldo Bilbao se terminó de precipitar tras una serie de seguimientos y verificaciones cruzadas, entre ellas movimientos de su entorno cercano. En los registros judiciales figura también una detención previa en abril de 2019, cuando fue procesado por tenencia de casi 600 gramos de cocaína con fines de comercialización; posteriormente recuperó la libertad.
Repercusiones
La detención de Waldo Bilbao es leída puertas adentro del sistema de seguridad santafesino como un “golpe de efecto” a una red que, pese a los golpes investigativos, mantenía capacidad financiera y logística. En lo inmediato, la aprehensión permite avanzar con peritajes sobre dispositivos secuestrados (teléfonos, soportes digitales) y con trazas patrimoniales que podrían robustecer la pata de lavado.
En lo político-criminal, aparece como un gesto hacia la ciudadanía rosarina, golpeada por ciclos de violencia, que demanda resultados concretos en la persecución de cuadros medios y altos.
También hay señales hacia el frente judicial: con Waldo Bilbao detenido, se abre la posibilidad de nuevas declaraciones, cruces de llamadas, extracción forense y medidas patrimoniales (embargos, inhibiciones), así como eventuales pedidos de cooperación con otras jurisdicciones. La otra cara de la moneda es que la estructura pueda reacomodarse bajo conducción remota o con reemplazos, por lo que el seguimiento sobre circuitos de abastecimiento y venta minorista seguirá siendo clave.
Por qué importa
Rosario es el nodo urbano más expuesto a economías ilegales en la región centro. Cada detención de alto perfil como la de Waldo Bilbao tiene impacto más allá del caso: afecta cadenas de pagos clandestinos, corta (al menos temporalmente) flujos de estupefacientes y envía una señal de riesgo a quienes financian o “blanquean” dinero narco.
La dimensión sanitaria y social también cuenta: menor disponibilidad y mayor “ruido” en la logística repercuten sobre la oferta en barrios, y eso puede traducirse en menos ingresos para organizaciones violentas. Además, esclarecer si Waldo Bilbao administraba circuitos de lavado permitiría mapear socios, testaferros y negocios utilizados, reduciendo la capacidad de recomposición financiera de la banda.
Por último, que la captura se haya concretado en el corazón de la ciudad expone la necesidad de controles edilicios, administración de consorcios y monitoreo de alquileres temporarios vinculados a prófugos.
Lo que viene
El expediente federal seguirá con indagatoria, eventuales pedidos de procesamiento y ampliaciones de prueba. La prioridad es dar con Brian Bilbao —identificado como líder—, sobre quien continúa activo un ofrecimiento de recompensa. En paralelo, se espera que la Policía de Santa Fe y fuerzas federales profundicen líneas sobre pistas clandestinas y hangares del cordón norte, incluido el campo de Carrizales mencionado en la causa.
En el plano patrimonial, los fiscales buscarán congelar activos y reconstruir la ruta del dinero para determinar si hay teatros, bares, flotas o firmas ligadas a la organización, y avanzar en decomisos. A nivel operativo, se mantendrá la atención sobre Rosario y accesos viales: si el “mando financiero” de Waldo Bilbao se confirmara, su caída podría abrir una ventana para irrumpir en nodos de abastecimiento que la banda aún conserve.
El cuadro general, no obstante, seguirá abierto hasta que la Justicia determine responsabilidades y se materialicen nuevas capturas.
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