En una entrevista con Gelatina, Guillermo Durán (decano de Exactas, UBA) respondió a declaraciones del subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez, y cuestionó su prédica sobre “meritocracia”. También aludió al vocero presidencial Manuel Adorni y a sus años como estudiante universitario.

Alejandro Álvarez en la mira del decano de Exactas de la UBA

Alejandro Álvarez en la mira

Alejandro Álvarez, «No aprobó una materia»

El intercambio tuvo como eje la universidad pública y las acusaciones recientes contra el sistema, con foco en supuestos sueldos millonarios de rectores y en la discusión salarial docente. En ese marco, Guillermo Durán apuntó a Alejandro Álvarez—presentado como subsecretario de Políticas Universitarias—y sostuvo que su discurso meritocrático no resiste contraste con los propios antecedentes académicos que, según dijo, constan en la UBA.

Al mismo tiempo, cuestionó el tono general de las críticas oficiales hacia la comunidad universitaria, a la que consideró blanco permanente de chicanas y generalizaciones.

De acuerdo con Durán, Alejandro Álvarez promovió denuncias contra autoridades universitarias y exageró la situación salarial y presupuestaria en el sistema. El decano retrucó con un argumento sencillo: antes de dar lecciones de “mérito”, hay que chequear los propios recorridos académicos.

La entrevista avanzó entonces hacia ejemplos puntuales y a una reconstrucción de la trayectoria del funcionario y del vocero presidencial Manuel Adorni, siempre presentada como respuesta a sus afirmaciones públicas.

Diálogo (fragmento de la entrevista):
Guillermo Durán (decano Exactas, UBA): “El subsecretario Alejandro Álvarez hizo mucho tiempo política en la UBA, en Sociales, y no aprobó una sola materiano pasó ni el CBC.”
Entrevistador: “¿Ni una materia?”
Durán:Ni una sola. Están los registros. Después nos hablan de meritocracia.”
Durán: “Y el vocero presidencial Manuel Adorni estuvo diez años en la UNLP, creo que pasó dos, Macroeconomía la tuvo que dar seis veces… ¿Cómo nos hablan después de meritocracia para trabajar en el Estado?”

La polémica había escalado durante la semana por dichos atribuidos a Alejandro Álvarez—sobre supuestos ingresos de rectores y recomposiciones por encima del promedio estatal—y por su señalamiento a la protesta universitaria.

Durán contestó situando el debate en procedimientos: si se van a formular acusaciones, dijo, deben venir acompañadas de papeles, fuentes y verificaciones mínimas. De lo contrario, se instala un clima en el que cualquier número sin respaldo circula como verdad hecha y lastima la discusión pública sobre presupuesto, salarios y funcionamiento académico.

En esa línea, el decano de Exactas volvió a poner en contexto el trabajo cotidiano en las universidades nacionales: planteles docentes que combinan múltiples cargos o actividades para completar ingresos, retrasos presupuestarios, ajustes que impactan en laboratorios y bibliotecas, y una vida estudiantil atravesada por horarios de cursada, finales, correlatividades y empleo.

A su juicio, el señalamiento genérico a la “falta de mérito” ignora esa trama material y reduce la conversación a slogans. Por eso, insistió, cuando Alejandro Álvarez u otros funcionarios buscan instalar exageraciones, corresponde responder con datos y con la normativa a la vista.

La mención a Manuel Adorni—y a su paso por la Universidad Nacional de La Plata—se inscribió en el mismo planteo de Durán: si el estándar que se pregona es el del mérito individual, la vara debe aplicarse sin doble rasero. De lo contrario, señaló, el discurso se vuelve performático: una puesta en escena que sostiene una narrativa de desprestigio, pero que se desarma frente a la comprobación básica.

El entrevistado ató ese reproche a una idea más amplia: la universidad pública necesita menos chicana y más evidencia, en especial cuando se discuten asignaciones de fondos, paritarias y condiciones mínimas para enseñar e investigar.

El reportaje cerró sin dramatizar el contrapunto personal y con una invitación a trasladar la conversación al plano verificable: documentación, registros y números que cualquiera pueda observar. Con Alejandro Álvarez en el centro de la controversia, el decano propuso un protocolo de debate sencillo: quien afirma, prueba; si no, se vuelve al expediente. Ese método, sostuvo, no es hostil—es higiénico para la discusión pública.

La mesa dejó, además, un subtexto sobre el que Durán volvió varias veces: el “mérito” también es contexto. No es idéntico para quien estudia, trabaja y cuida a su familia; ni para quien enfrenta recortes o edificios que necesitan mantenimiento urgente. Si el objetivo es mejorar, dijo, hay que discutir recursos, normas y datos concretos, no etiquetas. El resto, insinuó, es espuma.

Alejandro Álvarez, «No aprobó una materia y nos hablan de meritocracia»

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