Bienestar emocional

Cansancio extremo: una especialista explicó cuándo puede estar vinculado al burnout

La licenciada Romina Harvid explicó en A24 cómo el estrés sostenido, la sobreexigencia y la hiperconexión pueden afectar el descanso, la concentración y el bienestar emocional.

Romina Halbwirth explicó en A24 cuándo el cansancio extremo puede estar vinculado al burnout y la niebla mental.
Romina Halbwirth habló en A24 sobre cansancio extremo, burnout, niebla mental y estrés sostenido.

El cansancio extremo no siempre implica un cuadro clínico, pero puede ser una señal para revisar cómo impactan el estrés sostenido, la sobreexigencia y la dificultad para desconectar en la vida cotidiana.

La licenciada Romina Halbwirth explicó en A24 que la niebla mental y el burnout forman parte de un escenario cada vez más frecuente, asociado al exceso de demandas, la presión por cumplir y la sensación de no llegar nunca a las metas propuestas.

La especialista remarcó que no se trata de diagnosticar apresuradamente cualquier cansancio, sino de observar cuándo ciertas señales se sostienen en el tiempo y afectan el descanso, la motivación o el bienestar emocional. En esa línea, también se relaciona con procesos de cansancio emocional que pueden requerir una pausa y una mirada profesional.

Cansancio extremo, niebla mental y burnout: qué señales observar

Halbwirth explicó que el burnout, o la sensación de tener “la cabeza quemada”, está vinculado con un estado de estrés crónico y sobreexigencia prolongada.

“Pasa desde hace mucho, tiene nombre desde hace poco”, señaló la licenciada al describir cómo la salud mental empezó a identificar con más claridad signos y síntomas que antes podían quedar naturalizados.

Según explicó, la niebla mental puede aparecer dentro de ese cuadro de agotamiento, junto con fastidio, apatía, desconexión, frustración y sensación de estar siempre en falta.

La especialista diferenció el cansancio físico del agotamiento emocional o mental. Mientras el primero puede asociarse al cuerpo y al esfuerzo cotidiano, el segundo aparece cuando la persona siente que no logra desconectar, que nunca alcanza o que las obligaciones se vuelven permanentes.

Dormir mal, no desconectar y sentirse siempre exigido

Halbwirth aclaró que el diagnóstico siempre debe hacerlo un profesional y que ningún síntoma aislado alcanza por sí solo para definir un cuadro.

“Siempre el diagnóstico lo tiene que hacer un profesional”, remarcó, al advertir sobre los riesgos de sacar conclusiones rápidas o etiquetar cualquier malestar sin una evaluación adecuada.

Entre las señales que pueden invitar a prestar atención mencionó dormir mal, tener sueño interrumpido, no descansar de corrido, perder satisfacción por los logros, sentir que no se puede desconectar o registrar manifestaciones físicas como caída de pelo, falta de apetito o erupciones.

La licenciada insistió en que la evaluación debe hacerse en situación, con el paciente presente, mediante una conversación profesional que permita entender el contexto, los hábitos, las obligaciones y el estado emocional.

Microacciones para bajar la exigencia

Al hablar de cómo abordar el problema, Halbwirth propuso una mirada práctica y realista. En lugar de plantear grandes cambios difíciles de sostener, recomendó empezar por acciones pequeñas y posibles.

“Que no se vuelva la desconexión una obligación más”, sostuvo.

La especialista explicó que, a veces, desconectar no implica modificar toda la vida de un día para otro, sino tomar cinco minutos y elegir de manera consciente una pausa, una comida, una bebida o una actividad simple.

La clave, según planteó, está en recuperar pequeñas decisiones cotidianas. Elegir qué desayunar, hacer una pausa breve o mirar por la ventana pueden funcionar como microacciones para cortar la lógica de exigencia permanente.

También advirtió que la hiperconexión puede dificultar ese proceso. El problema no siempre es usar el celular, sino hacerlo sin elegir: entrar a scrollear, consumir noticias o recibir mensajes que agregan nuevas exigencias incluso cuando la persona intenta descansar.

“El estar hiperconectados puede ser una virtud o una consecuencia negativa”, explicó Halbwirth, al señalar que la diferencia está en si el uso de la tecnología es elegido o automático.

Aprender a convivir con la incertidumbre

Otro punto central de la entrevista fue la necesidad de control. Halbwirth relacionó el cansancio mental con el intento de planificarlo todo, anticipar escenarios y evitar cualquier margen de incertidumbre.

“La incertidumbre es la única certeza que tenemos”, afirmó.

La licenciada señaló que muchas veces el sobrepensamiento lleva a imaginar sobre todo los escenarios negativos, mientras quedan fuera otras alternativas posibles. Por eso propuso pensar cinco finales frente a una situación que preocupa: el mejor, el peor, uno intermedio y dos opciones más realistas.

Ese ejercicio, explicó, puede ayudar a salir de la rumiación mental y ampliar la mirada sobre aquello que genera angustia o presión.

Halbwirth también graficó el nivel de exigencia cotidiana con una frase simple: “Hay gente que cree que llega tarde a la playa”. Con esa imagen describió cómo incluso momentos pensados para el descanso pueden convertirse en otra meta que cumplir.

El mensaje central de la especialista fue observar sin alarmarse. El cansancio, la fatiga y la niebla mental pueden ser señales para revisar hábitos, exigencias y formas de descanso, pero siempre con una mirada profesional cuando el malestar se sostiene o empieza a afectar la vida diaria.

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