Pluriempleo docente

Un docente de la UBA reveló que gana $455.000 y necesita trabajar de Uber para vivir

Nicolás Potic, sociólogo y docente universitario del CBC de la UBA, contó que combina sus clases con viajes en aplicación, fletes y traslados para completar sus ingresos.

Nicolás Potic contó que trabaja de Uber y hace fletes porque su salario docente no le alcanza para vivir.
Nicolás Potic, docente universitario del CBC de la UBA, relató que necesita trabajar con su auto para completar sus ingresos.

Nicolás Potic expuso en televisión la situación que atraviesan miles de docentes universitarios en la Argentina: cobra $455.000 por 20 horas semanales en el CBC de la UBA y necesita trabajar con su auto para llegar a fin de mes. En su caso, el ingreso como docente representa apenas una parte de su economía familiar.

Durante la entrevista, el sociólogo explicó que se considera docente universitario “por vocación” y por profesión, pero que en términos materiales ese trabajo representa solo el 25% de sus ingresos. El resto lo obtiene manejando por aplicación, haciendo fletes y realizando traslados con su vehículo.

La historia de Potic se conoció en medio del reclamo universitario y se suma a otros casos que reflejan el deterioro de las condiciones laborales en el sector educativo, como el de una docente que vende café para poder sostener sus ingresos.

El testimonio de Nicolás Potic sobre los salarios universitarios

Potic detalló que por sus dos cargos docentes cobra $455.000 y que, aun duplicando esa carga horaria, el salario quedaría muy lejos de cubrir las necesidades básicas. Según explicó, un docente que trabaja 40 horas semanales y tiene menos de 10 años de antigüedad percibe alrededor de $910.000, una cifra que tampoco alcanza para superar la canasta de pobreza.

“Yo por 20 horas semanales gano 455.000 pesos. No llegamos, estamos a 200.000 pesos de la canasta de indigencia”, señaló durante la entrevista. Luego agregó que, en caso de trabajar 40 horas, “te falta más de medio millón de pesos para llegar a la canasta de pobreza”.

El docente contó que su jornada laboral se reparte entre las clases, la preparación de contenidos y el trabajo arriba del auto. Los martes y viernes da clases desde las 7 de la mañana hasta las 3 de la tarde, pero también suele preparar material a la madrugada o a última hora del día porque tiene dos hijos pequeños y necesita organizar sus tiempos familiares.

“No nos acostumbremos a trabajar 60 horas”

Uno de los tramos más fuertes del testimonio apareció cuando Potic describió su rutina semanal. Contó que muchas veces trabaja de noche y que los fines de semana suele manejar entre las 10 de la noche y las 4 de la mañana para completar sus ingresos.

“No nos acostumbremos a trabajar 60 horas por día, a tener cuatro laburos, no es normal”, afirmó al describir la situación de docentes, estudiantes y trabajadores que deben extender sus jornadas para sostener condiciones básicas de vida.

En ese marco, Potic vinculó su situación personal con un problema colectivo. Para el docente, el deterioro económico no debe vivirse como un fracaso individual, sino como parte de un golpe más amplio sobre los trabajadores y los sectores medios.

La conversación también permitió trazar un vínculo con otros episodios que muestran la vulnerabilidad del sector educativo, desde la precarización económica hasta hechos de violencia que tuvieron como víctimas a trabajadores de la educación, como el caso del docente asesinado.

La marcha federal universitaria como punto de inflexión

Potic contó que participó de la marcha universitaria junto a la columna de su sindicato y describió la movilización como un hecho “emocionante” y “reconfortante”. También remarcó la presencia de estudiantes, docentes y no docentes de distintas facultades y universidades del país.

Para el sociólogo, la participación de la juventud fue una señal central del reclamo. Aseguró que muchos estudiantes hoy también trabajan para sostenerse, lo que reduce el tiempo disponible para estudiar y modifica la experiencia universitaria.

En su análisis, Potic sostuvo que la universidad pública sigue siendo una de las instituciones más importantes para la movilidad social en la Argentina. Recordó que él fue el primer universitario de su familia y relacionó ese recorrido con el esfuerzo de sus padres comerciantes, que trabajaban largas jornadas.

El caso de Nicolás Potic dejó expuesta una contradicción central del presente universitario: docentes formados, con años de trayectoria y responsabilidades académicas, que aun así necesitan multiplicar trabajos para sostener a sus familias. Su testimonio convirtió una discusión salarial en una imagen concreta del deterioro social que atraviesa a buena parte del sistema educativo.

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