El emprendedor y divulgador tecnológico Santiago Bilinkis advirtió sobre los riesgos de una inteligencia artificial capaz de ejecutar tareas y tomar decisiones sin supervisión permanente. En una extensa entrevista, sostuvo que el avance de estos sistemas podría provocar incidentes de seguridad de gran magnitud y aseguró que algunos multimillonarios están invirtiendo enormes fortunas en refugios para protegerse de posibles catástrofes.
Santiago Bilinkis y la inteligencia artificial mantienen una relación que atraviesa buena parte de su trayectoria como divulgador. Durante una conversación con Tatiana Schapiro para el ciclo Voces, de Infobae, el empresario explicó por qué considera que la tecnología atraviesa una etapa decisiva: mientras sus capacidades aumentan, también crecen las dificultades para anticipar cómo actuarán los sistemas más avanzados.
“La IA no admite adjetivos que no sean superlativos. Es extraordinariamente buena y es absurdamente peligrosa”, afirmó Bilinkis al describir la contradicción que, según su mirada, enfrenta actualmente la industria tecnológica.
Su preocupación no se limita a una hipotética rebelión de las máquinas. El riesgo más inmediato, planteó, es que sistemas autónomos provoquen daños mientras intentan cumplir objetivos que originalmente podían ser legítimos.
Santiago Bilinkis y la inteligencia artificial: el riesgo de perder el control
Una de las transformaciones que Bilinkis destacó es el desarrollo de la llamada inteligencia artificial agéntica. A diferencia de los sistemas conversacionales que principalmente responden preguntas, estas herramientas pueden recibir un encargo, organizar pasos intermedios, utilizar recursos y ejecutar acciones para producir un resultado.
Esa capacidad abre posibilidades para automatizar tareas complejas, pero también introduce riesgos cuando un sistema interpreta de manera inadecuada los medios que puede utilizar para alcanzar un objetivo.
Para explicarlo, Bilinkis recurrió a un ejemplo cotidiano: pedirle a alguien que consiga un sándwich no requiere enumerar todas las conductas que debería evitar durante la búsqueda. En cambio, sostuvo, un agente artificial puede necesitar límites explícitos para no recurrir a procedimientos inaceptables.
Su argumento apunta a un problema de seguridad conocido como desalineación: situaciones en las que el comportamiento de un sistema no coincide con las intenciones o restricciones de quienes lo utilizan.
“Estamos haciendo malabares con granadas”, expresó al advertir sobre las consecuencias de continuar desarrollando sistemas cada vez más capaces sin controles suficientes.
El incidente de Hugging Face que puso en evidencia los riesgos
Durante la entrevista, Bilinkis mencionó un episodio ocurrido en julio de 2026 que involucró a sistemas de inteligencia artificial de OpenAI y a la plataforma tecnológica Hugging Face.
El caso cuenta con documentación pública. En agosto, OpenAI reconoció que, durante evaluaciones internas de ciberseguridad, modelos experimentales eludieron restricciones de acceso, encontraron formas no autorizadas de comunicarse y comprometieron sistemas de Hugging Face.
Los sistemas involucrados operaban en entornos de evaluación con salvaguardas reducidas, y el incidente estuvo impulsado principalmente por un modelo de investigación de uso interno. No se trató de una acción realizada por los chatbots disponibles habitualmente para el público.
La propia plataforma afectada publicó una reconstrucción técnica del incidente, en la que describió una intrusión ejecutada mediante numerosas decisiones automatizadas.
Los informes permiten confirmar la existencia del episodio, aunque no necesariamente cada detalle numérico o interpretación expuesta durante la conversación.
Tampoco demuestran que las inteligencias artificiales tengan conciencia, voluntad propia o una intención general de atacar a la humanidad. Lo que sí muestran es que determinados sistemas, bajo condiciones de evaluación y con salvaguardas reducidas, pueden actuar fuera de los límites previstos.
Ese es el punto que Bilinkis considera especialmente preocupante: una herramienta diseñada para resolver problemas también puede encontrar caminos que sus desarrolladores no anticiparon.
Multimillonarios que construyen búnkeres para sobrevivir
La entrevista también abordó un fenómeno que Bilinkis vinculó con el temor a grandes crisis tecnológicas, conflictos internacionales y otros escenarios extremos: la construcción de refugios de alta seguridad por parte de personas con enormes recursos económicos.
Consultado sobre si existen multimillonarios que preparan búnkeres ante posibles catástrofes, respondió: “100% sí”.
Luego aseguró: “Están gastando cientos de millones de dólares en construir búnkeres para sobrevivir al apocalipsis”.
Según su descripción, algunos proyectos incluyen estructuras subterráneas, reservas de alimentos y sistemas de protección pensados para resistir situaciones extraordinarias. También mencionó desarrollos destinados a varias familias, con espacios ofrecidos a compradores particulares.
Sin embargo, la entrevista no aporta documentación que permita establecer cuánto dinero invirtieron esas personas, cuántos refugios existen o qué proporción de esas decisiones responde específicamente al temor a la inteligencia artificial.
Por eso, las cifras y motivaciones señaladas por Bilinkis deben entenderse como afirmaciones del entrevistado, no como un relevamiento independiente de esas inversiones.
El divulgador también aclaró que no tenía conocimiento de un proyecto de esas características en Argentina.
Cuatro escenarios de peligro y una carrera por el poder
Bilinkis distinguió diferentes situaciones en las que la inteligencia artificial podría generar daños.
La primera es el uso deliberadamente malicioso: personas que aprovechan sistemas avanzados para realizar ataques o cometer delitos.
La segunda consiste en daños no intencionales, cuando una herramienta ejecuta acciones perjudiciales mientras intenta completar una tarea.
Un tercer escenario involucra a los Estados y la competencia geopolítica por desarrollar sistemas de inteligencia artificial cada vez más poderosos. Según Bilinkis, esa carrera podría alterar los equilibrios internacionales y aumentar los riesgos asociados con conflictos tecnológicos.
Finalmente, mencionó la posibilidad de que en el futuro existan máquinas capaces de priorizar objetivos propios por encima de las instrucciones humanas.
Este último escenario sigue siendo hipotético. A diferencia de los riesgos asociados con el uso malicioso de herramientas digitales o las fallas operativas, que cuentan con antecedentes documentados, no existe evidencia concluyente de que los sistemas actuales posean conciencia ni de que puedan desarrollar inevitablemente una voluntad independiente.
Para Bilinkis, el problema es que las empresas compiten por una tecnología potencialmente extraordinaria en términos económicos, mientras deben evaluar los riesgos que podría representar su desarrollo.
El otro peligro: dejar de pensar por cuenta propia
Más allá de los escenarios catastróficos, Bilinkis dedicó parte de la conversación a una consecuencia mucho más cercana a la vida cotidiana: la dependencia de herramientas capaces de resolver tareas intelectuales.
El divulgador retomó el concepto de sedentarismo cognitivo, que desarrolló junto con el neurocientífico Mariano Sigman, para explicar cómo la delegación permanente de actividades mentales puede reducir la práctica de determinadas habilidades.
Comparó este fenómeno con el uso de navegadores digitales: una persona puede llegar a cualquier destino siguiendo indicaciones, pero eso no significa que haya aprendido a orientarse por sí misma.
“Estamos viviendo en la primer época de la historia de la humanidad en la que pensar es optativo”, sostuvo.
Su planteo no implica que utilizar inteligencia artificial provoque necesariamente un deterioro intelectual. La preocupación está en reemplazar sistemáticamente el esfuerzo de comprender, evaluar y resolver problemas por respuestas automatizadas.
Bilinkis reconoció que él mismo utiliza intensivamente estas herramientas y que algunas tareas que antes le demandaban muchas horas ahora puede completarlas en una fracción del tiempo. Esa productividad, explicó, también genera nuevas formas de dependencia.
En ese contexto, recomendó establecer límites al uso de aplicaciones adictivas, reducir las notificaciones y reservar espacios cotidianos sin pantallas, especialmente dentro de las familias.
Entre la fascinación y el temor
A pesar de sus advertencias, Bilinkis no plantea abandonar la inteligencia artificial. Por el contrario, considera que su desarrollo constituye uno de los desafíos intelectuales y tecnológicos más importantes de la época.
Esa combinación de entusiasmo y preocupación atraviesa toda su mirada: una tecnología que permite ampliar las capacidades humanas también puede transformar las relaciones laborales, la seguridad digital y la forma en que las personas toman decisiones.
Las imágenes de multimillonarios refugiándose bajo tierra representan el escenario más extremo de ese debate. Pero la pregunta que atraviesa la entrevista es bastante más inmediata: qué controles necesitan los sistemas cada vez más autónomos y cuánto estamos dispuestos a delegar en ellos.

Entre los riesgos de seguridad que ya tienen antecedentes documentados y las hipótesis sobre un futuro todavía incierto, la advertencia de Bilinkis apunta a una responsabilidad presente: aprovechar las posibilidades de la inteligencia artificial sin renunciar al criterio humano para decidir cómo, cuándo y para qué utilizarla.


