Rolando Graña volvió a apuntar contra Manuel Adorni y cuestionó la decisión del presidente Javier Milei de sostenerlo en el cargo pese a las acusaciones que rodean al jefe de Gabinete. El periodista planteó que el mandatario ya no puede alegar desconocimiento y abrió un interrogante directo sobre el costo político de ese respaldo.
En su editorial, Graña retomó una metáfora utilizada por Milei sobre qué diría un “marciano” si bajara a la Argentina, pero la invirtió para analizar el caso Adorni. Desde ese recurso, planteó una pregunta central: “¿Por qué sostiene el presidente a un presunto corrupto?”.
La pregunta de Graña sobre el respaldo de Milei
Graña sostuvo que el punto más difícil de explicar no es solo la situación judicial o patrimonial de Manuel Adorni, sino la decisión política del Presidente de mantenerlo en funciones. En ese sentido, remarcó que el jefe de Gabinete rectificó sus declaraciones juradas y que, según su mirada, eso afecta directamente su credibilidad pública.
El periodista fue más allá y planteó otro interrogante sobre la responsabilidad institucional del funcionario: “Un tipo que no pudo o no supo hacer bien su propia declaración jurada, ¿está en condiciones de ser el que administre el presupuesto del Estado argentino?”.
También vinculó el caso con la posibilidad de una interpelación en el Congreso, que podría derivar en una moción de censura contra Manuel Adorni. Para Graña, esa situación expone un conflicto inédito y coloca al Gobierno frente a una crisis política que ya no depende solamente de explicaciones públicas.
La comparación con otros casos
En otro tramo de su análisis, Graña comparó la actitud de Milei con la reacción que tuvo Axel Kicillof frente al caso de Martín Insaurralde. Según recordó, ambos ocuparon el rol de jefe de Gabinete en distintos gobiernos, pero la respuesta política fue diferente.
“Kicillof lo echó en el día. Milei no lo echó, lo protege”, afirmó el periodista, al marcar el contraste entre ambos episodios.
Graña insistió en que, a esta altura, el Presidente no puede presentarse como alguien ajeno al caso. Según su interpretación, Milei eligió sostener a Adorni incluso después de que crecieran los cuestionamientos políticos, judiciales y mediáticos.
“Cómplice político”
El tramo más duro del editorial llegó cuando Graña analizó la responsabilidad política de Milei. Allí sostuvo que el Presidente ya no puede decir que fue sorprendido por la situación de Manuel Adorni.
“Después de tantos meses, no puede alegar que fue sorprendido por Adorni”, señaló.
Luego completó su argumento con una definición más fuerte: “Se convierte en una especie de cómplice político de las mentiras de Adorni”.
Para Graña, el caso deja de ser únicamente un problema del jefe de Gabinete y empieza a comprometer directamente al Presidente, porque el respaldo se mantiene pese a las inconsistencias reconocidas y al avance del Congreso sobre una eventual interpelación.
El editorial cerró con la misma imagen del “marciano” que había usado al comienzo: una figura irónica para mostrar el desconcierto que, según Graña, genera la decisión de Milei de seguir defendiendo a Manuel Adorni mientras el caso escala en la agenda pública.




