Manuel Quieto apuntó contra los jóvenes que apoyan a Javier Milei y dejó una de las frases más fuertes de la entrevista: “Hubo un error en la Matrix”. El cantante de La Mancha de Rolando habló sobre el avance del discurso libertario entre parte de las nuevas generaciones y expresó su desconcierto frente a ese fenómeno político.
El músico respondió a una pregunta sobre los pibes que se sienten identificados con los libertarios y fue tajante. Primero dijo que le resultaba “increíble” y luego afirmó: “Tiraron algo en el agua. Algo pasó”, antes de definir a ese sector como “una generación echada a perder”.
La crítica de Quieto se suma a otras voces del mundo artístico que cuestionaron el rumbo político y social del oficialismo, como ocurrió cuando Juan Leyrado criticó al Gobierno de Milei por el impacto del ajuste en áreas sensibles.
Manuel Quieto y su dura mirada sobre los jóvenes libertarios
Durante el intercambio, el entrevistador le preguntó qué le pasaba al ver que muchos jóvenes se identifican con el ideario libertario. Quieto no intentó moderar su respuesta y expresó una mezcla de sorpresa, rechazo y preocupación por ese cambio generacional.
El cantante fue todavía más duro cuando el diálogo avanzó sobre la posibilidad de comprender o convocar a esos jóvenes desde otro lugar. En ese tramo, lanzó otra frase que generó fuerte repercusión: “Más que jóvenes, son pelotudos”.
La definición quedó enmarcada en una conversación sobre política, juventud y cultura, donde Quieto no presentó su mirada como un intento de convencer a nadie, sino como una reacción personal frente al clima social actual.
Cuando le preguntaron si no le interesaba que esos jóvenes pensaran distinto o si podía convocarlos desde sus canciones, el músico aclaró que no busca bajar línea ni convertir a nadie. “Me hablo a mí mismo. No quiero dar un sermón o que me sigan”, explicó.
“No quiero convertir a nadie”
Quieto buscó diferenciar su obra de una prédica política directa. Según dijo, sus canciones nacen más de una necesidad personal que de una voluntad de convencer a otros.
En ese sentido, sostuvo: “Yo digo lo mío y lo digo un poco para mí también y para el que esté ahí atento, pero no quiero convertir a nadie”. Luego agregó: “Todo el mundo tiene que seguir su instinto y vayan tranquilos, muchachos”.
Sin embargo, después volvió a marcar su malestar con el rumbo político actual. “Pero bueno, nos llevan a todos a este quilombo”, señaló, antes de admitir que los jóvenes “se pueden equivocar”, aunque también remató que “se merecen un coscorrón”.
La frase se inscribe en una discusión más amplia sobre el vínculo entre el Gobierno de Milei, el malestar social y el desgaste de su discurso público, un escenario que también fue analizado por Jorge Asís al hablar del desgaste del Gobierno.
El clima político y la creación artística
En otro tramo de la entrevista, Quieto fue consultado sobre si ese escenario lo había motivado a escribir canciones vinculadas al presente político. El músico respondió que no necesariamente, porque lo considera un proceso reciente y porque, en contextos sociales adversos, muchas veces el artista mira hacia adentro.
Para explicar esa idea, comparó el presente con otros momentos difíciles de la historia argentina y recordó lo que hacían algunos músicos durante la dictadura. Según su mirada, cuando el ambiente exterior se vuelve hostil, la creación puede refugiarse en el mundo íntimo.
“Cuando el ambiente exterior está enrarecido, te metés adentro”, sostuvo. Luego agregó que algunos artistas, como Charly García, encontraron formas de hablar mediante metáforas, aunque no toda la obra necesariamente deba girar alrededor del conflicto político.
Quieto cerró esa reflexión con una definición sobre el lugar de la música en tiempos difíciles: “Ves el mundo interior, el mundo cercano. Ves lo bello del mundo, porque afuera es horrible”.
Las declaraciones de Manuel Quieto volvieron a ubicar al cantante en el cruce entre cultura y política. Su crítica a los jóvenes libertarios no solo generó repercusión por el tono de sus frases, sino también porque expuso una tensión cada vez más visible entre parte del mundo artístico y el electorado juvenil que acompaña a Milei.



