Un equipo del CONICET desarrolla un filtro doméstico nacional para remover microplásticos y nanoplásticos del agua potable. El proyecto apunta a crear un dispositivo de uso hogareño que pueda mejorar la calidad del agua y responder a una preocupación creciente por la presencia de partículas plásticas en el ambiente, los alimentos y el consumo diario.
La iniciativa es encabezada por Carla Di Luca, investigadora del CONICET en el INTEMA y docente de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Según explicó en diálogo con Infobae al Mediodía, el desarrollo está en una etapa inicial de laboratorio y cuenta con financiamiento privado, en un contexto marcado por reclamos sobre fondos del CONICET no entregados y dificultades para sostener proyectos científicos con recursos públicos.
Un filtro nacional para remover micro y nanoplásticos del agua
El objetivo del proyecto es desarrollar un proceso combinado capaz de remover contaminantes plásticos de tamaño muy pequeño. Los nanoplásticos, explicó Di Luca, son partículas de menos de una micra y su medición representa un desafío técnico importante.
La investigadora señaló que el equipo está estandarizando condiciones de laboratorio para avanzar hacia un prototipo funcional. La meta es llegar hacia fin de año con un dispositivo que permita conocer con precisión qué porcentaje de micro y nanoplásticos puede remover del agua potable.
Di Luca remarcó que la preocupación por estos contaminantes es relativamente reciente, aunque su presencia ya fue detectada no solo en el agua, sino también en alimentos y en el aire. Por eso, el proyecto busca ofrecer una solución concreta para el uso cotidiano en hogares.
La posible aplicación comercial también forma parte de la hoja de ruta. Si el prototipo funciona, el equipo buscará avanzar en nuevas etapas de maduración tecnológica, aplicar a otros financiamientos y generar colaboraciones con empresas para convertirlo en un artefacto doméstico seguro y accesible.
Financiamiento privado y caída de fondos públicos
Uno de los puntos centrales del proyecto es su financiamiento. Di Luca explicó que el trabajo fue impulsado por la distinción Franco-Argentina en Innovación, otorgada por TotalEnergies junto al Instituto Franco Argentino, mientras que el CONICET participa en la evaluación pero no en el financiamiento directo.
La investigadora aclaró que, en otros momentos, desarrollos de este tipo podían sostenerse con financiamiento público. Sin embargo, sostuvo que líneas históricas como los PICT, que durante años fueron una fuente clave para proyectos de investigación científica y tecnológica, se discontinuaron o se transformaron en convocatorias más competitivas.
“Antes, proyectos como este tenían financiamiento público, 100%. Nos sostenía el sistema científico”, explicó Di Luca durante la entrevista. También señaló que, ante la falta de fondos suficientes, muchos equipos debieron salir a buscar apoyo en el sector privado, en la industria o en colaboraciones internacionales.
Ese escenario se inscribe en una discusión más amplia sobre el ajuste contra el CONICET, que atraviesa a investigadores, becarios y equipos científicos en distintas áreas del país.
Un desarrollo costoso con potencial impacto cotidiano
Di Luca detalló que el subsidio actual alcanza los 12.000 euros en la categoría senior, un monto que consideró bajo frente a los estándares internacionales, donde proyectos similares pueden recibir fondos de 100.000 o 200.000 dólares.
La investigadora advirtió que este tipo de tecnologías requiere insumos costosos, equipamiento específico y pruebas de largo plazo. No alcanza con que el filtro remueva contaminantes: también debe garantizar que el agua que atraviese el sistema sea segura para el consumo.
Aun así, el proyecto expone el valor de la investigación pública aplicada. Desde una universidad nacional y un instituto del CONICET, el equipo busca responder a un problema ambiental y sanitario concreto con una tecnología que, si supera las pruebas, podría llegar a los hogares.
El desarrollo del filtro contra microplásticos muestra cómo la ciencia argentina puede generar soluciones de impacto cotidiano, incluso en un contexto de recursos limitados. La continuidad del proyecto dependerá de los resultados del prototipo, de nuevos financiamientos y de la posibilidad de sostener alianzas que permitan llevar la innovación del laboratorio a la vida diaria.



